Carta excéntrica

Un libro: Crímenes animales

A cuerpo gentil, el ser humano no está ni por asomo en la cima de la cadena alimenticia, más bien por el medio de la tabla, al mismo nivel que las anchoas. Pero, a base de egomanía y despliegue de tecnologías asombrosas (rollo Batman) nos hemos convertido en el terror del mundo animal.

El libro de Mary Roach, recién publicado en castellano por Capitán Swing, trata los conflictos entre el ser humano y la vida salvaje desde una perspectiva científica, aunque también con mucha retranca.

En forma de una serie de reportajes, nos habla de gaviotas que atacan centros florales en el Vaticano, monos ladrones, osos que se alimentan de nuestros desperdicios, alces que cruzan la calle para ir al otro lado o especies introducidas en un hábitat para controlar a otras especies invasoras llevadas allí por… efectivamente, ya te imaginas quién.

Y no solo desequilibramos el ecosistema y la rutina de los animales. A veces arrasamos su territorio sin contemplaciones. En otros casos, los cazamos, exterminamos o estabulamos. Y, en general, ignoramos por completo sus necesidades, reglas de comportamiento, códigos de comunicación o instintos. Malentendidos culturales que, una vez detectados, explican muchos desencuentros.

La mofeta desprende un olor repugnante, el puercoespín tiene dardos. Cuando el «depredador» es un automóvil a toda velocidad, estas tácticas van de ineficaces a trágicamente inadaptadas. La tortuga se detiene en medio de su camino (y del tuyo) y esconde la cabeza en su caparazón. Un ciervo se quedará muy quieto para evitar ser visto entre los árboles. Las ardillas y los conejos zigzaguean y cambian rápidamente de dirección. Cuando tu asesino es un halcón que ha calculado la probable intersección de su camino y el tuyo, un brusco cambio de rumbo puede salvarte la vida. Cuando el asesino es el conductor de un coche, ese mismo zigzagueo puede frustrar sus esfuerzos de no atropellarte.

A pesar de ser parte del problema, hay también algunos humanos que intentan equilibrar la balanza y dar soluciones para una coexistencia pacífica y compasiva. Sin caer en el buenismo animal, en este ensayo se agrupa un ramillete de ejemplos e iniciativas para compartir nuestro hogar común de forma más justa.