Dicen que nada ha tenido que ver el tira y afloja por el lugar de celebración, ni el hecho de que fechas, agenda de trabajo e invitaciones formales aún no estén cerradas. Aunque flota en el aire la idea de que los aliados europeos no son tan imprescindibles como para correr a sus brazos cuando convocan reunión de vecinos. ¿Pierde peso la UE como interlocutor? ¿Lo ganará la OTAN en Portugal en otoño?
La mala noticia es esa sospecha de que América lo ve como un encuentro de segundo nivel. La buena es que nos ahorramos un problema técnico porque – más que una foto de familia – la instantánea de Obama con la interminable lista de líderes europeos ansiosos por posar con él tendrían que tomarla por satélite o con el Google Maps, para que entren todos.
Quizás fuera ésta la única manera de que el encuentro sea un lugar de trabajo y de acuerdos concretos entre representantes de la dos orillas y a distintos niveles de la administración. Si la alternativa es mucho ruido de flashes y pocas nueces, bienvenida sea la ausencia de Mr. Marshall.