Carta excéntrica

Sagan y las Voyager

En tiempos de obsolescencias programadas, es increíble que la Voyager 1 haya vuelto a dar señales de vida 45 años después de su lanzamiento, cuando ya se la consideraba perdida y desde más allá de nuestro sistema solar. Nada menos que a 25.000 millones de kilómetros de la Tierra.

Fue Carl Sagan quien tuvo la idea de que, muchos años después de la partida, la nave se diera la vuelta solo un momentito para tomar una fotografía de lo que dejaba atrás. El resultado, la famosa imagen de nuestro planeta, apenas visible, vagando en la inmensidad del espacio como un diminuto y “pálido punto azul”.

14 febrero de 1990. (NASA/JPL-Caltech).

La cosa es que la pasión de Sagan por la astronomía le venía desde pequeño. La Biblioteca del Congreso de EEUU conserva un dibujo suyo hecho en los años 40 y titulado «La evolución del vuelo interestelar».

El entonces niño pinta tres astronautas con trajes sorprendentemente parecidos a los que lucirían realmente décadas después y rodeados por un collage de titulares inventados en los que se da cuenta de posibles hitos de la exploración espacial por venir como “¡¡¡La nave espacial llega a la Luna!!!” o “Vida encontrada en Venus”. El tipo era un crack desde chaval.

Sagan fue además el director del comité que diseñó los “Golden Discs”, los discos de cobre bañados en oro que las dos Voyager llevan a bordo y en los que se intenta resumir cómo es la Humanidad, por si se da la improbable circunstancia de que una civilización extraterrestre los encuentre algún día. Mensajes en una botella interestelar.

Cada momento histórico tiene los sistemas de almacenamiento de conocimiento que tiene. Así que en los años 70 a todo el mundo le pareció obvio que el soporte idóneo para enviar información sobre nuestra especie fuera ese: un disco.

Dentro se guardaron fotografías, esquemas científicos, saludos en varios idiomas y música. Mucha música. Pero mucha. La mayor parte del contenido de nuestra carta a las estrellas es una relación de canciones tradicionales, composiciones de Bach, Beethoven o Stravinsky y éxitos del pop de aquellos años.

Por cierto, el “Here Comes the Sun” de los Beatles se quedó en tierra a última hora por culpa del veto de la compañía discográfica. Quizás la EMI temía ver vulnerados sus derechos una vez la canción abandonara el planeta…

A lo que iba es que, gracias en buena medida a la elección de ese soporte y no cualquier otro, me gusta pensar que cuando los alienígenas encuentren los discos deducirán que lo que nos define por encima de todo es… ¡la música!

La Humanidad como playlist.