Jeff Lynne se retira de los escenarios con una gira por los EEUU en la que hará sonar de nuevo todos los clásicos de la Electric Light Orchestra.
Ya, ya, no me digas más: que si grupos de laboratorio, que si Xanadú no es apta para diabéticos, que si vaya plasta de AOR, que si lo que hizo Phil Collins con Genesis…
Pero reconoce, si lo viviste en su día, que también se te iba la oreja al escuchar la pesada batería del Don’t n bring me down, el buen rollo del Rock ’n’ Roll Is King o esos prólogos y codas con distorsiones y arreglos pseudoclásicos, marca de la casa.
Todo eso en una época de grabaciones analógicas, cuando meter una modulación a una voz o una guitarra suponía trastear con carísimos cacharros de un metro cúbico salpicados de potenciómetros de perilla que, en muchos casos, solo servían para hacer un único efecto y ningún otro.

A riesgo de ser excomulgado, voy más allá. ¿Cómo habrían sonado, un suponer, los Beatles a mediados de los setenta? Pues hay quien dice que… como la ELO.
* Te recuerdo que McCartney hacía esto en 1980.
Otro argumento: además de grandes amigos, Jeff Lynne y George Harrison inventaron en comandita a los Travelling Wilburys, y este Mr. Blue Sky lo podría haber firmado perfectamente el propio George.
Hala, crucifícame.
Eso sí, un rato después llegarían Sex Pistols, Ramones y The Clash pateando la puerta para revolucionarlo todo. Y los discos de las bandas de rock progresivo quedaron relegados en un rincón, acumulando polvo.
