El proyecto Artsoundscapes reúne a un grupo internacional de investigación liderado por la arqueóloga de la Universidad de Barcelona Margarita Díaz-Andreu e interesado en el estudio de paisajes sonoros y la percepción que se tenía en el pasado del sonido.

Una de las líneas de trabajo intenta establecer conexiones entre el arte rupestre y la acústica de las cuevas, con hipótesis fascinantes (y. también, un poco contraintuitivas) como que las zonas con determinada acústica tienden a coincidir con las áreas donde se concentran las pinturas y los grabados rupestres y que incluso el tipo de representaciones halladas (manos, bisontes, personas) pudiera estar en relación con las condiciones de eco o reverberación de la voz humana o instrumentos de percusión de cada gruta, entendiendo que éstas eran espacios donde se llevaban a cabo rituales religiosos.
Otra perspectiva en la arqueocústica es la decodificación de los paisajes sonoros sagrados de la Europa Medieval, con estudios sobre “la distancia que puede recorrer el sonido de los grandes instrumentos de percusión (campanas, semantra, matraca) y si este crea una red sonora capaz de transmitir mensajes” o el mapeo de conexiones entre parroquias, torres y castillos comunicados mediante el sonido.
Al hilo de todo esto, el documental (y lista de Spotify) Inania recoge un curioso viaje sonoro para explorar las ruinas románicas de Burgos. Se trata de poner en relación la arquitectura de enclaves como el Monasterio de San Pedro de Arlanza o las canteras de Hontoria con el patrimonio rural abandonado y la tecnología sonora.
La idea es de Gregotechno, dúo formado por Marc Vilajuana y Alejandro Narés, que acostumbra a ir a espacios medievales, digitalizar su acústica y llevarla a las discotecas, mezclando bases sintéticas con el canto gregoriano.