Erich von Däniken, J.J. Benítez o Fernando Jiménez del Oso fueron personajes muy populares en los años 70 y 80 como pioneros en la difusión de ese tipo de verdades alternativas que tanto circulan hoy en día por las redes. Llevaron a las librerías (y a la televisión) supuestas revelaciones sobre sociedades secretas, civilizaciones perdidas o visitas de extraterrestres (como el proyecto UMMO) que venían con la misión de guiar la evolución de la especie humana.

A esa nutrida nómina de investigadores del misterio pertenece un autor mucho menos conocido -pero en absoluto menos excéntrico- a quien debemos una enrevesada teoría que mezcla el desciframiento de escrituras de pueblos antiguos con la desaparición de la Atlántida, cataclismos lunares, invasiones alienígenas, guerras secretas y un imperio aragonés que llegó a dominar medio mundo: Alexandre Eleazar.
Bueno, si ese es su verdadero nombre. Para el autor de la entrada en Wikipedia (hoy eliminada, otro misterio por resolver) estaríamos hablando en realidad de Luciano Eleazar Rodellas Méndez, nacido en Francia en la década de los 20 en el seno de una familia de ascendencia española. Confinado durante la guerra en un campo de internamiento, habría sido deportado a España para establecerse en un pequeña localidad de Barcelona. Se casó allí, tuvo tres hijos y la familia emigró a Brasil en 1957, donde trabajaría como carpintero. De vuelta en Barcelona, falleció en 2004. Y eso sería todo.

Pero su autobiografía es menos prosaica. Según cuenta, nació en Damasco en 1920, hijo de Anastasia Nikoláyevna Románova, enlazando con la leyenda de que la pequeña de la prole del zar Nicolás II escapó milagrosamente de la muerte a manos de los bolcheviques. Así que, por tanto, sería el heredero legítimo del trono imperial ruso: Eleazar, El Zar. Para redondear la noble cuna, afirma que su padre fue Faisal I de Irak, lo que le convierte también en descendiente directo de Mahoma. Casi nada.
Eleazar dice que pasó la juventud codeándose con otras figuras relevantes, como Hitler, a quien habría conocido en su refugio del Nido del Águila. Quizás para hacerse perdonar por esas amistades, algún tiempo después traicionó al führer y desveló la ubicación de la instalaciones secretas donde los nazis ultimaban sus hipotéticas bombas atómicas para que pudieran ser destruidas por los aliados. Vamos, que le debemos la derrota del Tercer Reich.
Como, al parecer, los servicios secretos ingleses truncaron sus esfuerzos para acceder a la corona imperial, se retiró modestamente a estudiar lenguas antiguas. Utilizando como base el euskera (que suponía el rescoldo de una lengua universal anterior) se dispuso a desentrañar el enigmático íbero. Tan solo un aperitivo para Eleazar pues, una vez cogida carrerilla, hizo lo propio con muchos otros idiomas, incluso los que ya estaban traducidos:
“He descubierto todas las lenguas y alfabetos sobre los íberos, romanos, etruscos… Las conozco todas. Sobre los jeroglíficos egipcios, por ejemplo, se dice que varios signos forman una palabra, y es justamente al revés, cada signo contiene varias palabras. De ahí el gran error de Champollion, que se equivocó al interpretar la Piedra Rosetta”.
Aunque se reservó el método empleado para lograr tal hazaña, que también incluye a las escrituras cuneiformes, la conclusión es que nada de lo que conocemos está bien transcrito. Así que su relectura de textos antiguos abre el melón de toda una Historia alternativa.
Resulta complicada de resumir. Te voy a ahorrar los detalles más abiertamente racistas, machistas y reaccionarios, pero trata de que distintas razas de extraterrestres (beres y paios) llegaron en platillos volantes a la Tierra en varias oleadas hace muchos miles de años. En una ocasión sufrieron un accidente de OVNI en México en el que murió Iezus o Jesús, aunque las Tres Marías astronautas (trasuntos de la Virgen, su hermana Marta y María Magdalena) le recrearon de nuevo.
O algo así.
El caso es que los visitantes blancos y los visitantes amarillos fundaron imperios antagónicos que mantienen una guerra soterrada desde entonces hasta nuestros días. Uno de esos imperios tuvo capital en Cádiz y el otro, el de los beres y bajo el nombre de Aragón, llegó a dominar todo el continente europeo, desde Iberia hasta Siberia.*
*Efectivamente, la similitud fonética parece estar en la base de todo el sistema.

Esa es la tesis expuesta por el autor en varias conferencias en Zaragoza y otras ciudades en los años 90 y publicada en su primer libro, Los Bere. El plan con estas apariciones públicas era generar una conmoción entre lingüistas e historiadores para desvelar luego el aparato teórico que sustentaba sus revolucionarias teorías.
Pero, por lo que sea, a la Ciencia y la Academia no les conmocionó en absoluto; más bien les resulto indiferente aquel cúmulo de extraordinarias afirmaciones sin pruebas. Y eso en el caso de que los especialistas se enteraran siquiera de su existencia, pese a que las charlas fueron recogidas (con sorprendente comedimiento) por la prensa local.


Desilusionado por la, digamos, fría acogida de estas revelaciones, Eleazar se retiró a sus aposentos para completar el resto de una Historia Universal alternativa a la que añadió muchos otros detalles.
Por ejemplo, ignora la deriva continental y explica la Atlántida como resultado del corrimiento de América a causa de la colisión -con varios rebotes- de la Luna contra la Tierra, un castigo divino que, ojo, podría repetirse en el futuro.
También hay una versión paralela de la guerra de Troya que, según sus cálculos, cae más o menos a la altura de Reims y en la que Alejandro Magno (pero no ese Alejandro Magno, hablamos de otro distinto y muy anterior, un Mesías redivivo) se enreda en batallas donde lo mismo aparecen Agamenón que Moisés.
Eleazar acaba sugiriendo que él mismo es una reencarnación del héroe mesiánico y lega al futuro algunas predicciones para los años inmediatamente posteriores a su muerte además de una ingente obra oculta que sus herederos van publicando por volúmenes.