La técnica, la fotografía, los tiros de cámara, el estilo, la estética y el montaje narrativo de las películas propagandísticas de Leni Riefenstahl son una cosa bárbara, eso lo damos por consensuado. Pero el documental de Andres Veiel ( disponible en España en Movistar+ y en Filmin) se centra en otra vertiente, la batalla que la conocida como cineasta del nazismo sostuvo al final de su larga vida para desembarazarse de esa etiqueta.

Nos muestra a la realizadora perdiendo la calma, con tics autoritarios y excusas poco creíbles alrededor de su papel en la maquinaria de comunicación del Tercer Reich. Para retratar la personalidad de Riefenstahl, se rastrean viejas apariciones en televisión y tomas no utilizadas de entrevistas o incluso de sus propios rodajes.
También fragmentos de correspondencia privada y testimonios de algunos episodios, digamos, oscuros de su biografía. Entre ellos, la complicidad con altos jerarcas del nazismo condenados en los juicios de Núremberg o su presencia en la ejecución de varios prisioneros de guerra polacos durante la guerra.

Además del documental, y por si te da repelús ver Olimpia o El Triunfo de la Voluntad, aquí te dejo La Luz Azul (1932). Una evolución del cine de montaña que tanto gustaba en Alemania en los años 20 y 30 y en donde Riefenstahl, además de pedirse el papel protagonista, se encarga por primera vez de escribir y dirigir un largometraje.
Como si se adelantara en el tiempo, el personaje que interpreta en la película (Junta, una mujer que vive en la montaña al margen de la sociedad representada por un pequeño pueblo alpino) se ajusta a la imagen idealizada que Riefenstahl siempre tuvo de sí misma: indómita, noble, independiente y acosada injustamente por amargados que envidian su magia y talento.
Pero, si bajas de la montaña y preguntas por ella a los vecinos del pintoresco pueblecito alpino, todos te dirán que Junta es una bruja.
