Carta excéntrica

En forma sin esfuerzo

Machacarse en el gimnasio con la ayuda de complejos aparatos no es una actividad tan contemporánea como pensamos. Ya a finales del siglo XIX el Dr. Gustaf Zander (1835-1920) se lanzó a prescribir ejercicio físico a los pacientes del Instituto Mecánico-Terapéutico de Estocolmo utilizando artefactos de su propia invención.

Te encaramabas al cacharro y te dejabas hacer gracias al milagro de la gimnasia pasiva, pues el vapor, la gasolina o la electricidad se encargaban de mover aquellos trastos. En favor de la terapia mecánica hay que decir que eso de ir al gimnasio con levita o vestido y, para colmo, no sudar, resulta de lo más conveniente.

Varios pacientes usan las máquinas del Instituto Zander en la década de 1890. Fotos: Museo Nacional de Ciencia y Tecnología de Estocolmo.