Carta excéntrica

El poema de amor infinito de Su Hui

Lady Su Hui con un palíndromo. Atribuido a Guan Daoshen (1262 – 1319).

¿Puede una Inteligencia Artificial generar un poema a partir de las indicaciones de un ser humano o, incluso, por su propia cuenta? Bueno, depende a qué llames poesía.

La lírica (esa que hoy identificamos como auténtica poesía) se asocia con obras que revelan con sensibilidad estética emociones íntimas, la esencia y los sentimientos más profundos del ser humano.

En función del momento histórico y la moda, se orientará a las alegrías de la vida, los misterios de la existencia y la muerte, el éxtasis religioso, la fascinación por la Naturaleza o los torbellinos del amor y el deseo, para alcanzar el cenit con la exaltación del individuo (o la individua) que aportará el Romanticismo. Y si además tiene medida y rima internas, pues ya estaría la definición, para deleite del amigo Gustavo Adolfo.

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Que es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.

Pero cuando el pensamiento contemporáneo comienza a poner en duda la noción tradicional del yo como un ser independiente y autónomo del entorno también aflora la sospecha de que la poesía puede explicarse como un mero conjunto de normas. Es decir, estaría más ligada a las reglas de juego que dicta la lengua compartida que al arrebato del espíritu feliz o atormentado del sujeto individual que la escribe.

 

 

Lord Byron esperando la inspiración muy fuerte. Retrato de Richard Westall.

Es el germen, ya en el siglo XX, del dadaísmo, la escritura automática, la poesía mediante collage, los cadáveres exquisitos y otras técnicas que dan un protagonismo cada vez mayor a las cualidades formales del lenguaje, bien sea mediante la imposición arbitraria de normas rígidas a la creación artística (como los lipogramas de Georges Perec u otras restricciones similares a las que se plegaba el grupo Oulipo) o bien por rendirse a lo puramente aleatorio.

Ese tipo de reglas es ideal para los ordenadores y la programación de algoritmos. Así que un punto para la IA y sus generadores de poemas en línea.

Pero, como siempre, hay quien se ha adelantado a su tiempo, también en lo que respecta a la generación automática de textos poéticos. Es el caso de Su Hui.

Su Hui fue una mujer nacida en China durante el período de los Dieciséis Reinos (siglo IV E.C.) y casada a los quince años con un inspector provincial de nombre Dou Tao. Cuenta la leyenda que el gobierno envió a Tao al desierto y allí tomó una concubina La respuesta de Su Hui fue escribir un poema de amor donde le pedía que regresara con ella: el Xuanji Tu o Calibrador de Estrellas.

Constaba de 841 caracteres, bordados con seda de cinco colores y dispuestos como una cuadrícula de 29×29, que pueden leerse en cualquier sentido y dirección (vertical, horizontal, diagonal), en círculos y hasta en espiral según reglas que varían en función del segmento de color donde nos encontremos, lo que permite 2848 combinaciones posibles.

Ya, es cierto, mejor con un ejemplo práctico. Vámonos al cuadrado superior derecho. En este tipo de bloque se permiten hasta 24 formas de lectura para generar otros tantos poemas de seis o doce versos.

La versión al castellano (muy libre) de la traducción inglesa hecha por la poeta Jody Gladding de una de las posibles lecturas de ese cuadrante, una combinación de doce versos, quedaría así:

¡Ay! Suspiro con pena
por quien se desvió del camino.
El lejano viaje al desierto
Me hirió en lo más profundo.

La casa ya no tiene dueño.
Cortinas transparentes en la alcoba.
El rostro adornado con esmero
Resplandece en el claro espejo.

Joyas de múltiples reflejos,
Las perlas lucen radiantes.
Mil pensamientos me asaltan.
¿A quién rindes honores allí?

Pero, ojo, también es posible recorrer el camino inverso, lo que alumbra un poema alternativo que matiza el sentido original:

¿En quién recae ahora el honor
de suscitar tantos pensamientos?
Radiantes resplandecen las perlas,
reflejos de mil joyas.

El espejo brilla luminoso,
Con elegancia engalana el rostro.
Alcoba de transparentes cortinas.
Ya no tienes un hogar.

Sensación de una herida profunda.
En el desierto el sendero se desvanece.
El camino aquí se desvía.
Lánguida quedo y suspiro, ¡ay de mí!

Es solo una posible lectura de un fragmento, porque podrían tomarse otras direcciones o añadir o quitar versos en estrofas de diferente longitud, ampliando así las posibilidades.

Por si te preguntas si el laborioso e inteligente bordado tuvo el efecto que perseguía, la leyenda afirma que, conmovido por el regalo y la lectura de los poemas, Dou Tao regresó junto a Su Hui.