Carta excéntrica

Dos lecturas de Ariana Harwicz

Una lectura doble de Ariana Harwicz“Mátame, amor”, un puñetazo en la boca del estómago escrito como en un arrebato y cuya trama y lenguaje se despeñan progresivamente hacia un trance alucinado. Dicen que el libro, que ya tienes unos años, va a ser adaptado al cine con Martin Scorsese como productor. 

El segundo, mucho más reciente, es “El ruido de una época”, un ensayo en tres partes donde la argentina se pronuncia contra la mediocridad, la falta de atrevimiento y las campañas de cancelación; defiende la literatura como transgresión, la separación entre vida y obra, entre autores y personajes y critica el revisionismo presentista, capaz de mutilar el arte para que se adapte a la moral contemporánea.

Lo que me recuerda a la historia de Thomas Bowdler, quien editó en 1847 unas “obras completas” de Shakespeare sustituyendo de forma sistemática las palabras y escenas que consideraba malsonantes y truculentas por otras más amables.

Tengo reparos con algunas afirmaciones del libro de Harwicz y coincido con otras. Entre las coincidencias, que se puede apreciar el valor una obra aunque esté firmada por un gilipollas redomado, un cretino integral, un amoral abominable o una racista emborrachada de prejuicios.

A bote pronto y sin establecer correlaciones (bueno, a lo mejor un poco sí), Lovecraft, Capote, Houellebecq, Hemingway o Woolf no pasarían la prueba del algodón, pero ese no es motivo para dejar de leerles y, mucho menos, para retirar sus libros de las bibliotecas o quemarlos en la plaza.

(Salvo en el caso de Lovecraft, por razones estrictamente literarias).