
“Así como el protagonista de una obra, dijo, (ya fuera Edipo o Hamlet o Arturo Ui) solía ser un arquetipo que representaba la conciencia individual de cualquier ser humano, el dúo cómico podía ser considerado la representación más simple de toda la sociedad. Ahí, en la interacción entre Laurel y Hardy, o entre Abbott y Costello, teníamos un microcosmos de cómo las personas interactuaban unas con otras: frustraciones, malentendidos, zancadillas, pero también una total interdependencia y (en el caso de los grandes dúos cómicos) un auténtico amor inquebrantable. No hay más que ver a Vladimir y Estragón, dijo, o a Laurel y Hardy, incluso a Morecambe y Wise, y se percibe una imagen reducida de una sociedad más o menos operativa.”