Carta excéntrica

La página en blanco de London

En 1910, un estudiante recién salido de Yale llamado Sinclair Lewis se buscaba la vida como podía con trabajos ocasionales en periódicos o colocando historias cortas en revistas. Por suerte, encontró una fuente de ingresos alternativa vendiendo tramas y argumentos a otro escritor: Jack London, el autor de Colmillo blanco o de La llamada de lo salvaje.

London era ya entonces una celebridad, pero sufría de una alarmante falta de inspiración ante la hoja en blanco que no tenía empacho en reconocer aunque sin explicar sus fuentes creativas, que bordearon el plagio en muchas ocasiones:

“¿Que las historias me vienen solas? ¡Y un cuerno! Tengo que trabajar como un demonio para conseguir material.”

Lewis le ofreció al menos cincuenta y cinco historias. London compró veintisiete por un total de ciento treinta y siete dólares con cincuenta centavos, a cinco dólares la idea, aunque solo utilizó cinco. Pero Lewis Sinclair se guardo las mejores tramas. O eso parece si tenemos en cuenta que, salvo la póstuma Asesinatos S.L., los otros cuentos nacidos de aquel intercambio de imaginación por dinero no figuran entre los más conocidos de London.

Y, además, a Lewis le dieron el Nobel de Literatura en 1930. Por algo sería.

Carta de London a Lewis en busca de inspiración. Utah State University.