Carta excéntrica

Casa de citas LXI

“Los turistas tenían dinero y nosotros lo necesitábamos; a cambio, solo pedían que les mintieran y les engañaran, diciéndoles lo que creían que era lo más importante: que estaban a salvo, que su sentido de la seguridad —nacional, individual, espiritual— no era una broma pesada que les gastaba un destino caprichoso y aburrido; que les dijeran que no había relación alguna entre el pasado y el presente, que no necesitaban llevar un brazalete negro ni tener mala conciencia, porque eran ricos y poderosos y el resto del mundo no lo era, que no debían sentirse corrompidos, porque nadie podía o quería explicar por qué la riqueza de unos pocos, curiosamente, parecía depender tanto de la miseria de la mayoría.

Amablemente fingíamos que se trataba de comprar y vender sillas, de que ellos formularan preguntas sobre el precio y la procedencia y nosotros las contestáramos.”

El libro de los peces de William Gould. Richard Flanagan.