Carta excéntrica

Cuando los genios se juntan

La obra citada antes, Tres piezas en forma de pera, inspiró a Jean Cocteau la idea de escribir un libreto y montar un ballet basado en ella. Se puso en contacto con Erik Satie, pero el compositor se negó a reutilizarla y sugirió que sería mejor componer música original para ese proyecto.

Cocteau, que la liaba parda en cuanto le daban pie para ello, metió en el ajo a los ballets rusos de Serguéi Diáguilev, quien a su vez enredó en el asunto al coreógrafo y bailarín Leonid Myasin. Para redondear el dream teamPicasso fue el encargado del diseñar el vestuario y la escenografía.

Vestuario de Pablo Picasso para el ballet Parade. Foto: Jean-Pierre Dalbéra.

El ballet Parade se presento el día 18 de mayo de 1917 en en el Théâtre du Châtelet de París. El público en general gustó de aquella historia en la que una troupe de artistas intenta, con poco éxito, atraer parroquia a sus espectáculos circenses. Pero también hubo algunos abucheos, sobre todo desde las butacas de la crítica profesional.

De forma bastante hipócrita (porque todos los implicados deseaban provocar un escándalo similar al que protagonizó cuatro años antes Stravinsky con la Consagración de la Primavera), Satie acusó a uno de los periodistas más agrios con el ballet, Jean Poueigh, de ser un estúpido, un estúpido sin música. La bronca le valió una sentencia de ocho días de cárcel que fueron conmutados por una multa.

Por si faltaba algún genio más en este contubernio de artistas, en el folleto de mano participó el poeta Guillaume Apollinaire, para describir Parade como una especie de surrealismo. Allí es donde se acuña la palabra surrealismo por primera vez, varios años antes de que se utilizara para dar nombre al manifiesto y el movimiento artístico impulsado por André Breton.

De las primeras representaciones de Parade apenas sobrevive un puñado de placas fotográficas hechas por Harry B. Lachmann.