Carta excéntrica

Cuando el amianto molaba

No juzguemos con demasiada dureza el pasado. Porque quizás nuestros nietos flipen cuando sepan que hacíamos cosas como desplazarnos en vehículos hasta arriba de líquido inflamable, taladrar mandíbulas para poner implantes o mirar pantallas durante horas. ¡Quién sabe!

Otro ejemplo. Durante buena parte del siglo XX se consideró al amianto o asbesto un material revolucionario. De fácil extracción, abundante y económico, se presentaba como un símbolo del progreso tecnológico.

Se usó para fabricar cubiertas y otros elementos de construcción con fibra de microcemento, hacer trajes ignífugos, reforzar cañerías de agua potable o comer sobre manteles más resistentes y fáciles de limpiar.

Avances que la publicidad de la época mostraba en forma de familias risueñas y trabajadores felices, asociando la fibra de amianto a las ideas de seguridad, bienestar e incluso vida saludable.

Desde los años 30 del siglo XX se sabe que respirar las diminutas partículas de amianto desprendidas de todos esos productos provoca cáncer y otros males. Pese a ello, aún se sigue extrayendo y utilizando en decenas de países y no hace ni 25 años que está prohibido en España.