Carta excéntrica

Spomenik: arqueología del porvenir

Memorial a los caídos de Lješanska Nahija. Barutana, Montenegro.

Unión y hermandad. Ese lema del mariscal Tito fue la referencia para erigir centenares de spomenici (monumentos en serbocroata) destinados a adornar ciudades y parajes naturales a lo largo de todas las repúblicas de la antigua Yugoslavia desde la década de los sesenta y hasta su disolución.

La idea era que rindieran homenaje a la lucha antifascista y la gloria de los partisanos, que simbolizaran la paz y la cooperación entre los pueblos de la Federación y que apelaran a un feliz futuro en común.

Ilinden Memorial, Kruševo, Macedonia del Norte. Foto: Wikipedia.

Las propuestas nacían de comités locales y eran decididas en concurso público. Contra todo pronóstico, pronto empezaron a seleccionarse diseños de jóvenes escultores y arquitectos nada convencionales.

Muchos proyectos se alejaban de la ortodoxia realista y viraban hacia el minimalismo, la abstracción y otras corrientes artísticas del momento, hasta cristalizar en una especie de “brutalismo pop”. Un mix de hormigón y ciencia ficción.

Monumento al taller clandestino de armas de los partisanos. Skopie, Macedonia del Norte.

El resultado: miles de monumentos, esculturas y bustos que, tras la desintegración de Yugoslavia y las guerras entre sus antiguas repúblicas, han corrido distinta suerte.

Muchos han desaparecido, destruidos o expurgados. Los hay que permanecen inmutables a la vorágine y los cambios de las últimas décadas. Otros se han resignificado para hacer hincapié en el recuerdo de gestas locales o héroes nacionales y el resto sobrevive a duras penas, olvidados o en estado ruinoso.

Monumento a las mujeres combatientes. Skopie, Macedonia del Norte.